Qué poco pido,
una noche con estrellas
o las manos abiertas
dispuestas para el agua.
La sal esparcida sobre la mesa
o el sueño que nos vence
a media tarde,
la rebeldía enredada en mi pelo,
cayendo en un crepúsculo de luz
izando el gen de la vida.
domingo, 12 de octubre de 2008
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