He visto, enganchada al techo de mi cocina, una luz placentera.
La he regado con vino, un chianti ácido que cosquillea en la lengua.
Atravieso así la estancia repleta de cacharros, listos para el desembarco.
Del campo vienen aceites mágicos,
del mar la negra sombra del calamar.
Un pareado con el pan de pueblo
y azafrán de hebra,
la sartén, repleta de besos.
El arroz, burbuja terrícola, te llamará a la de tres.
domingo, 19 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entrada destacada
25-Serie (Poemas en pasado VII)
Hay cosas universales y universos que no son nada, el de hoy es como un alambre cosido a la piel o un disparo certero en las manos. H...
-
«El día del Juicio Universal, para los amalfitanos que suban al Paraíso será un día como todos los otros». Renato Fucini No sé po...
-
Contra el cuerpo no cabe este ritmo frenético untado de orden. La cábala del tiempo asoma con su nariz aguda, su risa histrión...
No hay comentarios:
Publicar un comentario