El arco tiembla enloquecido.
La luna de octubre ha cruzado tu memoria
de éter y rosa de azafrán.
Embistes como un cíclope sordo
las doce uvas que te mecen.
En tu cabello escoba
recoges lunas y parasoles de la antártida,
fría y lívida como un depredador.
Ofréceme tu sangre para que yo crezca,
dame tu nombre olvidado,
suéñame,confía,nútreme,
sin más dioses mezquinos
sin más intermediarios,
sólo el cuerpo solo amputado de ira.
sábado, 29 de noviembre de 2008
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