Lo he
visto,
un
enjambre rojo en la calzada,
pie
de bailarina y cresta de gallo.
Llamaba
a las puertas pidiendo perdón
mientras
su cuerpo volaba en busca de su Antígona.
Caía
la mañana entre viento nortesur,
a
raudales el cemento rompía la carne
y era
solo el sonido de la roca
abrazándose
a la luz,
era
tan solo la piedad de los hombres
frente
a las cosas inexplicables.
Tocaron
sus alas la urna de cobre
y en
ese instante todo giró,
manos
de forense ungen su cuerpo
migrando
del Génesis al Éxodo.
Lo he
visto,
ese
instante de Creonte:
conciliado
el mundo
el
universo fluye
pues
la muerte no es más que vida.
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